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Las reglas del juego / Eivert Caridad
En este artículo aprenderemos tres normas, tres reglas, tres principios que vale la
pena analizar antes de comenzar la aventura del plan de Dios para nuestras vidas.

Regla #1. DIOS NOS SALVÓ PARA QUE LE SIRVAMOS

La Biblia en 2 de Timoteo 1:9 dice:

"Dios nos salvó y nos llamó para vivir una vida santa"

En otras versiones dice que Dios nos llamó para una Su "obra santa", lo cual indica
que el plan del Todopoderoso no sólo se limita a la salvación, sino también a que le
sirvamos.

De hecho, la vida consiste en servir. Si vemos la vida como un periodo de tiempo
para cumplir el propósito de Dios, entonces vamos a aprovechar al máximo cada
minuto, cada segundo, y todos nuestros esfuerzos estarán concentrados en
poder ser útil en las manos de Dios.

Regla #2. LA VIDA NOS ES UN CUENTO DE HADAS.

Todas aquellas personas que tienen el deseo de poder servir al Señor con todas
sus fuerzas, deben entender que en el proceso de la carrera cristiana no todo
será color de rosas. El mismo Señor Jesucristo enseñó en Juan 16:33:

"Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo
he vencido al mundo"

Jesús no prometió que todo sería fácil, él dijo que a pesar de que vengan los
problemas, debemos estar tranquilos porque él está con nosotros.

Servir al Señor puede ocasionarnos problemas con nuestra familia, con nuestros
amigos, con la sociedad en general. Implica tomar el riesgo de amar a Dios por
encima de todas las cosas, y si entendemos ese principio, cualquier problema que
se nos presente será insignificante.

Regla #3. EL PECADO ES UN OBSTÁCULO PARA CUMPLIR EL PROPÓSITO DE
DIOS

Si queremos ser efectivo en esta vida y queremos ser exitoso en el propósito de
Dios para nosotros, debemos estar consciente que el pecado puede ser un factor
detonante para que nos estanquemos.

La Biblia afirma en Hebreos 12:1:

"quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan
fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios
nos ha puesto por delante"

La carrera se puede correr con pecado, pero si lo hacemos de esa forma, nunca
llegaremos a la meta, nos cansaremos y los más probable es que abandonemos la
fe. Pero si solucionamos el problema del pecado, entonces estaremos preparados
para la carrera más emocionante de todas.
 
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